Lautaro Feldman: un cantautor de ocho cuerdas



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A eso de las cinco y media de la tarde, un hombre joven y delgado camina por las calles de La Candelaria con destino a la Fundación Gilberto Alzate Avendaño. Lleva en su espalda un estuche de guitarra, uno que tiene una forma algo extraña. Al llegar al mostrador del lugar, le dice algo al vigilante, quien a su vez contesta en voz alta: “¿Usted también viene para la obra?”. En unos segundos, aquel hombre desaparece, pero sabía que lo encontraría de nuevo por ahí. No tenía duda; era Lautaro Feldman.

El Festival Internacional de la Canción Itinerante, organizado por Barrio Colombia desde el año 2009, invitó a este músico argentino, quien tuvo la oportunidad de presentarse en varias ciudades del país. Minutos antes de su presentación, Lautaro me habló durante un corto tiempo acerca de su música, su trayectoria, sus proyectos y, por supuesto, de lo que guardaba en ese estuche de forma extraña.

 

La historia de la guitarra

Lautaro es licenciado en composición musical de la Pontificia Universidad Católica Argentina, y fue estudiante de jazz en la ex Berklee Argentina (la que hoy llaman Escuela de Música Contemporánea). El jazz fue, justamente, la excusa para hablar de un detalle que lo hace tan particular; ser un cantautor con una guitarra de ocho cuerdas. Le pregunté si algo tenía que ver el jazz en esa decisión.

“Lo de las ocho cuerdas fue una casualidad”, me contó Lautaro mientras recordaba esos años de formación, cuando escuchaba a guitarristas como Quique Sinesi. “Yo estaba buscando siete en realidad. Entonces fui al lutier, y él me dijo que tenía empezada una de ocho; que si no me gustaba le sacaba la octava cuerda y era lo mismo que una de siete, y que si no me gustaba así le sacaba la otra y quedaba una de seis. Me dijo que no era gran cosa, y que me iba a salir lo mismo. Así que me compré la de ocho”. Así empezó esta historia, en el año 2001.

A Lautaro le tomó mucho tiempo desarrollar una manera de tocar esa guitarra de ocho cuerdas para que, según sus palabras, para no volverse loco y no estar completamente estresado mientas toca. Además de probar con distintas maneras de afinar, Lautaro desarrolló su propia técnica “simplificando algunas cosas y generando actividad en otros lugares”. Por supuesto, la formación musical de Lautaro fue de gran ayuda.

“En esa época, estudiaba mucho guitarra clásica. Hay muchísimas obras del siglo XX, sobre todo, en las que la sexta cuerda se afina en Re. Me parecía muy conveniente tener una guitarra que tuviera una cuerda extra para no estar desafinándola”. Lautaro encontró otras ventajas adicionales: “No sé si me voy a poner técnico, pero si la séptima cuerda estaba afinada en Si, una quinta arriba del Mi (la afinación estándar de la sexta cuerda), servía muy bien para hacer bajos. Me venía muy bien para tocar solo”.

 

La historia de Lautaro

Después de agotar el tema de su guitarra y su técnica, la conversación de Lautaro se centró en su música. La pregunta era obvia: ¿cómo un músico de formación clásica y amante del jazz terminó siendo cantautor?

“Yo creo que es gracioso cómo uno siempre vuelve a la música que escucha cuando es chico”, dijo Lautaro mientras volvía a sus recuerdos. “Yo escuchaba por mis padres mucho rock nacional (argentino, desde luego), mucha música brasilera, muchos trovadores cubanos. Como que esas cosas quedan en el ADN cuando empiezas a crecer”.

Lautaro pasó por el blues, el rock, el jazz, la guitarra clásica, el tango folklore y la música contemporánea antes de decidirse a escribir canciones junto con un primo. Al principio, él no se animaba a cantar, aunque no es el único guitarrista que se ha sentido inseguro cuando empieza a usar su propia voz. “Es difícil. Cuando cantás, se desnuda todo lo que uno es. Y es difícil cantar mirar a los ojos a la gente. Con la guitarra, creo que estás más escondido, más a salvo. Cuando cantás, estás completamente expuesto”.

Lautaro comenzó a escribir sus propias canciones en el año 2008. Solo hasta el 2012 lanzaría su primer disco, Oratual (su nombre al revés), en el que plasmó once canciones donde está acompañado de su guitarra, un percusionista y de algunas voces adicionales. Su segundo trabajo, Azul Verde Limón, llegó en 2014. “El último disco es con una banda grande. Somos dos guitarras eléctricas, percusión, bajo y batería. Para mí, eso fue un gran paso. Creo que ya estoy en ese plan, de agrandar el rancho, pero quizás electrificándome un poco. El próximo disco va a ser mucho más eléctrico”.

Lautaro es también un gestor cultural, que ha unido fuerzas con otros colegas argentinos en un colectivo llamado Elefante en la Habitación. Además de tener su propio sello, sus integrantes participan de una red que les permite programar giras y colaborar como músicos o productores invitados. “Todo esto pasó gracias a no quedarse esperando a que las cosas pasen, sino gracias a salir a hablar y conocer gente”.

En su presentación en Bogotá, Lautaro interpretó con su guitarra algunas canciones de los dos discos; solo compartió tarima al cierre con Andrés Gualdrón y Diego Rozo para la canción «Trampa», inspirada en un poema de la colombiana Cielo Quintero Trujillo. Andrés Gualdrón y Los Animales Blancos estarán de gira por Argentina, gracias a las alianzas construidas entre músicos independientes de América Latina.

Y debe ser fácil construir redes de personas para alguien con quien es muy agradable conversar. Tras viajar por varios países, ejecutar impecablemente su guitarra en cada show y pertenecer a un colectivo que puede ser ejemplo para otros gestores culturales, Lautaro es un tipo sencillo que  pasa desapercibido cuando camina por la calle, salvo por el extraño estuche que suele llevar a cuestas.

“Por lo que voy hablando con músicos, hay como diferentes etapas. En un principio, uno cree que es un genio y que todos los demás no. Cuando seguís investigando y adentrándote en la música, te das cuenta de que sos un completo ignorante y, si lo hiciste bien, así te vas a quedar por el resto de la vida. El trabajo es lo inverso para mí, fortalecer el ego después de haber llegado a ese lugar”.

Alejandro Lopera