Era la noche del 21 de marzo por la 7ma con 48, en una noche fría bogotana en el corazón de Jackass Rock Bar. Un grupo de personas se reunió en el evento “Mamá, no fui al FEP” en busca de música en vivo y buena compañía.
Antes de que los amplificadores empezaran a sonar, me senté a conversar con Juan Pablo Bohórquez Velazco, uno de los artífices del toque; además, autodidacta, emprendedor y luthier. Entre el ruido de las pruebas de sonido y un cóctel de Heretic, su propia marca de licor herbal, me contó cómo la música y, principalmente, su amor por las guitarras lo habían llevado a gestar la idea de este evento.
La curiosidad mató al gato
“Quería ver qué había por dentro”, confiesa Juan entre risas. Cuando tenía 7 años, sus papás le regalaron una guitarra porque era un niño hiperactivo; su papá es melómano y Juan Pablo siempre había querido una guitarra, pero no contaron con que él iba a ir más allá de solo aprender a tocarla.
Cuando tenía 9 años y sin saber que las cuerdas ejercen 45 kilos de presión, comenzó a desarmar pieza por pieza su primera guitarra, quitando incluso los tornillos del mástil. El resultado: un “sándwich” de madera rota. Su padre lo aventuró a repararla él mismo: “Mire a ver cómo la arregla”.
Ese castigo se convirtió en su tiquete de entrada a la luthería. Pasó siete meses lijando y pegando, entre un libro de luthería que encontró en la Biblioteca de El Tunal, foros en inglés y las herramientas que su papá le regaló de su ferretería en El Restrepo. Logró reconstruir la guitarra. “Generé un vínculo; la amaba porque después de arreglarla, aprendí a ajustarla para que quedara chévere”. Hoy, esa guitarra descansa en su taller, rayada y llena de stickers, como un trofeo de una guerra que ganó a los 10 años.
Un emprendedor nato
Juan Pablo, luego de arreglar su primera guitarra, empezó a ver la luthería como un negocio, arreglando los instrumentos de sus amigos y conocidos. Acompañado de los valores que le enseñó su abuelo materno, Don Velazco —“Que si se puede, así como él nos trajo a todos desde el campo”—, decidió mudarse de la casa de sus papás y empezar su primer negocio como luthier.
A los 18 años montó su taller, pero la pandemia lo dejó sin casa y sin carro. Le tocó volver donde sus padres y empezar de cero. Cuatro años después, no solo reconstruyó su taller, sino que lo hizo junto a su esposa, quien ahora también es luthier.
Su número de la suerte
El nombre de su banda, Velazco 797, está compuesto por el apellido de su abuelo materno, de quien heredó ese espíritu boyacense de trabajo duro, y el misterio del 797, un número que lo persigue desde la manilla del hospital al nacer hasta el turno que toma para reclamar sus medicamentos en la EPS. “Creo que hay fuerzas en el universo que se comunican con nosotros”.
La Guitarra de la Semana
Los domingos, en sus redes sociales, lanza su serie de videos “La guitarra de la semana”, la cual se ha vuelto viral, atrayendo a clientes que buscan algo más que el arreglo de su instrumento: historia. Su relación con la luthería cambió: “No quiero volver a estar saturado de arreglos sin tiempo para la música. Ahora prefiero enseñar; quiero que la gente aprenda a hacerlo por sí misma”. Su meta ahora es que las personas aprendan a hacer el mantenimiento básico por su cuenta a través de videos y cursos presenciales que él dicta.
“Mamá, no voy al FEP”: Gestión cultural con sabor a Heretic
El evento que nos convocó fue una alternativa para quienes no pudieron asistir al Festival Estéreo Picnic, pero que tienen sed de música local. Allí entró Heretic; nos recibieron con un cóctel a base de este licor herbal. La marca pertenece a un músico en España, pero Juan Pablo y su mamá, a quien describe como una genia de las importaciones, lograron la exclusividad para Colombia.
De la mano con sitios como Jackass Rock Bar y Heretic, Juan Pablo quiere crear más espacios que le abran las puertas a músicos emergentes, donde las personas puedan escuchar buena música en vivo. “Estamos tratando de llegar a todos los rincones donde hay escena alternativa que necesita apoyo y queremos ayudarla”.
El abrazo de la música
Para Velazco, la música no es solo sonido; es un servicio. “Es como el pájaro Urutaú de la mitología amazónica peruana: un regalo de los dioses con la responsabilidad de ser compartido”. Sus canciones como Plomo o Cantador buscan ser “un abracito” para quienes las escuchan, un refugio para las emociones de quienes no sabemos cómo soltar.
Al bajar del escenario en Jackass Rock Bar, el sueño de Juan Pablo es seguir rodeado de sus compañeros de banda y dedicarse tiempo completo a este regalo que le entregaron a los siete años.
En Vivo
Escuchar a Velazco 797 no fue solo asistir a un concierto de rock, fue entrar a la casa de los Velazco. Hay algo en la voz y letras de Juan Pablo que te quitan el frío de Bogotá cuando empiezan a sonar sus canciones. Es como si te estuviera contando un secreto al oído mientras la música lo acompaña. Canciones para su papá, esposa o amigos; ese es el ritmo que lleva su concierto: te cuenta pedazos de su historia acompañado de un mensaje de pertenencia y amor.
Se sintió real cada segundo. Ver a un hombre tocando una guitarra que él mismo construyó, cantándole a sus seres queridos, buscando que todos los presentes conectaran por unos minutos con sus historias y regalándonos a cada uno un momento inolvidable. Nos fuimos a casa con el corazón lleno y con ese “abracito” cálido desde la tarima.
Definitivamente lo repetiría.
No le pierdas la pista a @Velazco797 en Instagram, Facebook, YouTube y TikTok para conocer sus próximas fechas y lanzamientos. Y si quieres más historias de la escena local, nos vemos en @lauragomro
Por: Laura Goméz Rodríguez